Cada día más distante de la gente. Cada vez menos sensible. Así parece ser últimamente el Tenerife. El departamento de detalles y sensibilidades continúa sin un responsable, por desgracia, sigue vacante.
Desde que se logró el tan deseado regreso a primera división algo ha cambiado en el Callejón del Combate. Bueno, yo diría que desde aquella tarde en Montilivi donde la gente se enfadó mucho por como prepararon el famoso chárter.
No brindarle el ascenso a la Federación Tinerfeña de Fútbol es algo que a día de hoy todavía nadie entiende.
El Tenerife parece ese nuevo rico que olvida que siempre fue pobre. Por ejemplo; ahora para ir la famosa junta anual te tienes que buscar un colega rico (en acciones) o cien colegas que sientan al Tenerife, que tengan y, recuerden tener una de aquellas acciones que se compraron para convertir a este club en una sociedad anónima. No de las que te compraste para la promotora, esas no valen (¿me podrán devolver el dinero que tiré a la basura en su día con el famoso movimiento inútil de invertir en algo que no sirve para nada?).
La última genialidad de los dirigentes del Tenerife es dejar a un montón de aficionados tirados durante dos días en medio de una borrasca, para darles con la puerta de la taquilla en las narices. En el siglo XXI ¿no podían haber puesto, como el supermercado, un cacharrito de los que te da un número para comprar la chacina y de esta manera ser justo con los aficionados que se calaron hasta los huesos? Me parece vergonzoso que la información que se ofreció, especialmente ese día, fuera a través de la web. En medio de una borrasca y tirados en la calle, el Tenerife pretende que la gente visite su página oficial. ¿No se pueden comprar esas entradas por internet? Lo digo para no ser tan pueblerinos y de paso el hazmerreír del resto de la geografía.
Jugamos los partidos a las cuatro de la tarde porque la LFP se ríe de los canarios. Además, nos mandan a jugar los lunes a pesar de no estar de acuerdo y, por si fuera poco, ahora son los dirigentes del Tenerife los que se mofan de la afición. Ver para creer. ¡Cuanto le echo de menos Don Javier!