La globalización convierte al planeta en un pañuelo. Y así, cada uno queda retratado más rápido, sin necesidad de indagar mucho. La palabras honor, lealtad y dignidad, para más de uno, que pena penita pena, ha quedado desfasadas.
Los tenemos que adoraban en tiempos pretéritos a viejos patrones venidos a menos y luego, cual Judas, aprovechando la Semana Santa, los vendieron. Les chuparon la sangre y más tarde, los mataron con columnas antagónicas. Los hay que fueron a pedir trabajo al mismo lugar donde ahora tiran mierda. Que desvergüenza.
Además, los tenemos también demagogos, que distorsionan mensajes para confundir a la gente. Afortunadamente, cada vez confunden a menos público.
La globalización también tiene cosas buenas, como llevar el fútbol de Tenerife y Las Palmas a todos los rincones de nuestro archipiélago gracias al grupo Radio Televisión Canaria y al resto de España, gracias a Canal Plus.
La demagogia es la capacidad de vender una idea menor con palabras mayores.