Cuanta reflexión simplona he tenido que escuchar esta semana. Ahora resulta que los males del Tenerife vienen de la Tele Canaria. “La Tele es gafe” ha llegado a decir alguno. Chiquito analista. La historia de un tiempo a esta parte parece que va de darle leña a la tele. “Leña al mono que es de goma”. A la “Tele” de la que deberían estar orgullosos, si es que de verdad se sienten canarios. Más allá de quién la dirija, es la nuestra. La tele de todos los canarios. La que te lleva a casa todo lo que gira a nuestro alrededor. En la que, quién sabe, si mañana te tocará trabajar en ella. Directa o indirectamente.
Los hay en Tenerife, mi isla, que asienten con la cabeza, al comentario “chachón” del gafe de la tele. Gafe es otra cosa y aquí me tengo que morder los labios. Gafe es dejarte ver y que todo salga mal. Cada cual habla de la Tele según le va en ella, por lo que veo.
Cuando habla fulano o mengano, sube el pan. “qué vergüenza lo de ver al Barça en grande y al Tenerife en pantalla pequeña”. ¿Qué pasó el día del Nástic-Tenerife? ¿En qué recuadro estaba ese partido? ¿Que tele lo ofreció? y, ¿en grande que se veía? Una pista, Calcio.
“Si hubiese sido Las Palmas, no lo habrían hecho”, llegó a espetar otro. Y a eso digo yo; Las Palmas jugaba un partido, mientras en La Gomera había un incendio y la Tele, la Tele Canaria, puso el partido de los amarillos en pequeño. En fin. Cada vez tengo más claro que de algunos aprendo lo que no quiero ser.
¿Por qué no se hace campaña de apoyo al Tenerife y si a Las Palmas? A lo mejor, porque siempre tiendes a ofrecer la mano, al que en un determinado momento ves débil. Para ayudar a que el fútbol canario no pierda una plaza en Segunda. Ya está bien de demagogia barata. ¡Que ya nos le cree nadie señores!
Deberíamos utilizar el pasado como trampolín y no como sofá. Cuanto rancio y cáscara amarga continua por ahí fuera. Y ahora a rajar, que esto lo firmo yo, y no un sms anónimo. Hay que ser más justos y valientes, y menos pelotas, que no pasa nada.
No le temo al enemigo que me ataca sino al falso amigo que me abraza.