ECONOMÍA

Por qué Canarias (y su modelo económico) no es sostenible

Solo la huella ecológica en las Islas, el impacto sobre la naturaleza, es 27 veces superior a la capacidad de su territorio. En febrero de 2020, el 36% de la población estaba en riesgo de exclusión social a pesar de la pujanza del sector turístico.

Canarias - 5/21/2020 Sául García Crespo
Turistas en la playa de Maspalomas (Gran Canaria). Fotograma archivo RTVC Turistas en la playa de Maspalomas (Gran Canaria). Fotograma archivo RTVC
Fin de la pobreza, hambre cero, salud y bienestar, educación de calidad, igualdad de género, agua limpia y saneamiento, energía asequible y no contaminante, trabajo decente y crecimiento económico, industria, innovación e infraestructura, reducción de las desigualdades, ciudades y comunidades sostenibles, producción y consumo responsables, acción por el clima, vida submarina, vida de ecosistemas terrestres, paz, justicia e instituciones sólidas y alianzas para lograr los objetivos. Estos son los 17 objetivos de desarrollo sostenible marcados en 2015 por Naciones Unidas a los que se comprometieron llegar los países en un plazo de quince años.

Suponen “un llamamiento universal a la acción para poner fin a la pobreza, proteger el planeta y mejorar las vidas y las perspectivas de las personas en todo el mundo”; pero cinco años después de la firma no se ha avanzado mucho. Según la propia ONU, este año, 2020, debía marcar el inicio de una década de acción ambiciosa.

La crisis del coronavirus ha dejado en evidencia en Canarias lo que ya era una verdad incómoda: que su modelo, si se mide con estos parámetros, es insostenible.

El Archipiélago no cumple con los objetivos medioambientales. Sus emisiones de gases de efecto invernadero crecieron entre 1990 y 2015 en un 46 por ciento, treinta puntos más que la media española.

A esa cifra ha ayudado el crecimiento en el número de turistas. Ese año, 1990, la oferta de plazas era de 364.000 y hoy es de 430.000 más un número indeterminado de plazas no regladas. En 1996 llegaron ocho millones de turistas y el año pasado fueron más de 13.

Las energías alternativas no llegan a una penetración del diez por ciento mientras el Estado sigue subvencionando con más de mil millones anuales la generación de energía con combustibles fósiles.

El reto para 2030 era el de reducir las emisiones de CO2 en un cuarenta por ciento respecto a 1990, y no solo no se han reducido sino que han aumentado. En las islas hay 779 vehículos por cada mil habitantes, más coches que personas con carné de conducir.

Tan solo quedan diez años para culminar un camino en el que se ha retrocedido en los últimos treinta años. El 36 por ciento de su población está en riesgo de pobreza y exclusión social, según el último informe El estado de la pobreza' elaborado por la Red Europea de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social en Canarias.

El paro en febrero, antes del coronavirus, acumulaba a más de 200.000 personas, cerca del diez por ciento de la población total, con niveles de ocupación turística por encima del ochenta por ciento. En el año 2007 había 318.000 empleos directos e indirectos en el sector turístico para nueve millones de turistas y diez años después, con seis millones de turistas más, el número de empleos era el mismo.

Huella ecológica insostenible

La huella ecológica de Canarias, el impacto sobre la naturaleza, es 27 veces superior a la capacidad de su territorio. Si Canarias consumiera solo lo que genera, el 14 de enero de cada año ya no tendría recursos para su población. No hay apenas industria y todo se importa: vehículos, energía, turistas o comida.

El informe Huella Ecológica y Sostenibilidad Territorial, de la Asociación de Geógrafos Españoles alertó ya hace nueve años de que “la autosuficiencia de las pequeñas islas entraña serias dificultades y las opciones de desarrollo sostenible son muy escasas dadas sus limitaciones ambientales”. “La vulnerabilidad de Canarias se manifiesta por su baja biocapacidad productiva, acusada dependencia externa, como lo demuestra el fuerte déficit ecológico, en conjunción con una reducida superficie, y elevadas densidades de población. Estos problemas se acusan notoriamente en las islas de Tenerife y Gran Canaria. Es posible que antes incluso que los límites ambientales, aparezcan límites de origen social y político, que nos hagan replantear el modelo de crecimiento y desarrollo existente”.

Se nombraba en ese informe a las Directrices de Ordenación General y de Ordenación del Turismo de Canarias, que han sido sustituidas por una norma más desarrollista, como es la nueva Ley del Suelo a la que hay que sumar la Ley de Islas Verdes, hecha parta facilitar el desarrollo turístico en las islas menos pobladas.

El consejero de Transición Ecológica, lucha contra el cambio climático y Planificación Territorial del Gobierno de Canarias, José Antonio Valbuena, declaró en febrero que Canarias aspira a ser un “territorio neutro” en la huella de carbono y añadía: “Plantear hoy que Canarias tiene que prescindir del turismo, un cambio de modelo económico para poder ponernos en la vanguardia de la lucha del cambio climático, supondría generar problemas mayores, de tipo social y de modelo económico que, en la actualidad, no estamos en disposición de ni tan siquiera poder diseñarlo. No es posible hoy en día, por los condicionantes y lazos de dependencia que tiene nuestra economía, prescindir del turismo".

El caso de Lanzarote

Lanzarote, junto a Menorca, fue la primera Reserva de la Biosfera del mundo que incluía un territorio muy poblado y fue escogida por su apuesta de reducir su número de camas en el Plan Insular de 1991.

En Canarias es el caso paradigmático de posible desarrollo sostenible, pero el balance de su evolución en los 25 años desde su declaración es demoledor.

Tiene más del doble de habitantes que entonces, recibe tres millones de turistas, también mas del doble, tiene tres veces más vehículos y un 40 por ciento más de plazas turísticas.

Sus emisiones de CO2 a la atmósfera eran de 410.074 toneladas al año y en 2018 fueron de 1.163.469 toneladas, casi el triple. El consumo de energía eléctrica ha aumentado un 167 por ciento.

El comité científico de la Reserva de la Biosfera de Lanzarote emitió en abril un comunicado que señalaba la necesidad de “trasformar la economía” de la Isla, que ha mostrado su dependencia prácticamente total del sector turístico en esta crisis.

Uno de esos miembros es José Manuel Naredo, Premio Nacional de Medio Ambiente, que con motivo del 25 aniversario reflejaba en un documento sobre la Reserva que “esta evolución ha estado gobernada, tanto al alza como a la baja, por el mero pulso de la coyuntura económica en general e inmobiliaria y turística en particular. Lo cual pone en cuestión la propia razón de ser del estatus de Reserva de la Biosfera de Lanzarote, que se presupone que debería de marcar orientaciones y tendencias de gestión propias y acordes con la calidad y la capacidad de carga del territorio insular”.