Perfiles con historia: Amaro Rodríguez: ¿Corsario o pirata?

Este lagunero navegó durante años con patente de corso por las aguas del Atlántico. Su devoción religiosa, le llevó a encargar el sarcófago donde descansa La Siervita, con la que tuvo una larga y profunda amistad.

Cultura - 8/30/2011 Carlos Armas
Amaro Rodríguez Felipe, más conocido como Amaro Pargo, figura entre las leyendas que recorren las Islas Canarias como el corsario más famoso que surcó nuestras aguas.

Leyenda y realidad se mezclan en la vida de este personaje, nacido en 1678, en La Laguna, Tenerife, Amaro Pargo tuvo una vida llena de emociones y vicisitudes que forjaron una personalidad muy fuerte y religiosa.

Este corsario, que era el nombre que se le concedía a los navegantes en virtud de un permiso concedido por un gobierno llamada patente de corso, capturaban y saqueaban el tráfico de mercancías de las naciones enemigas de ese gobierno, todo lo contrario que un pirata, que buscaba su lucro personal, o sea iba por libre. Por lo que el pirata era un vulgar ladrón de mar, muchas veces sanguinario.

Desde pequeño ya apuntaba maneras para el mando era una persona muy despierta e inteligente, con 14 años ya se manejaba en los negocios, y le iba muy bien. Con solo 23 años se hizo a la mar en el navío “Ave Maria”, alias “La Chata”.En aquel entonces nuestro Amaro Pargo era alférez. En uno de los viajes de esta embarcación, fue abordada y el joven Amaro, aconsejo al capitán que simulara una rendición para sorprender luego al enemigo y lograr el triunfo, arrebatándole el botín

Durante la contienda los capitanes de los dos barcos comenzaron a pelearse, aprovechando la confusión, saltó el alférez Amaro al barco enemigo para tapar los agujeros de sus cañones para que al intentar hacer fuego resultaran inútiles, mientras daba aviso a su barco que disparasen, consiguiendo así vencer al adversario.

En señal de agradecimiento el capitán regalo a Amaro Pargo su primer barco, con el que se independizo y dio sus primeros pasos en el mundo corsario y comercial.

Una vida aventurera

En uno de los muchos lances en los que el corsario se vio envuelto, destaca el que mantuvo con el pirata Barbanegra, que durante varios días sostuvo un serio hostigamiento al corsario canario, del que al final se vio libre.

Otra de sus épicas batallas fue la que sostuvo con el turco. Se cuenta que en unos de sus regresos a Tenerife, con su tripulación, a bordo de la nave “Fortuna”, y trayendo una carga muy importante, se produjo la contienda.

Juntos los barcos, y echados los garfios, se produjo el abordaje y un violento enfrentamiento cuerpo a cuerpo, sin tregua ni cuartel, con predominio de los turcos que vencían a las fuerzas del corsario; pero mientras sucedía el combate, el esclavo Cristóbal, que servía al corsario canario, en compañía de varios hombres, liberaron a un grupo de prisioneros cristianos que habían sido capturados por los turcos frente a las costas europeas.

Estos ayudaron a Amaro Pargo en su victoria, y viéndose vencedor, se arrió la bandera enemiga en testimonio de rendición y vasallaje. Quedaron los turcos prisioneros, y el corsario continuo su marcha con la presa obtenida.

Amistad con Sor María de Jesús, "la Siervita"

Fue un personaje muy religioso, en una de sus incursiones entabló amistad con un clérigo protestante, surgió entre los dos una fraternal simpatía, hablando del alma, de la mística y de las diferentes impresiones e interpretaciones teológicas de las enseñanzas y el mensaje de Cristo.

De estas profundad convicciones religiosas, nace su fuerte vinculación con la historia de la Ciudad de los Adelantados. Hizo donaciones a iglesias y conventos, sobre todo, al de las Catalinas de La Laguna, pues sentía una auténtica veneración por la, todavía viva en aquella época, Sor María de Jesús, "La Siervita", según afirman algunos historiadores nunca emprendió negocio, expedición de barco, ni firmó contrato, sin antes consultarlo con esta Sierva de Dios y obtener su aprobación.

Tres años después de la muerte de "La Siervita", consiguió que el cadáver de ésta fuera exhumado y, asombrado del estado de conservación del mismo, encargó el sarcófago en el que actualmente puede ser visitada y en el que mandó escribir cinco piezas poéticas en las que en una de ellas figura escrito Pargo, escondido. Solo se ve, si se lee las letras iniciales de los cinco primeros versos.

El sarcófago de "La Siervita" es abierto cada 15 de febrero, con tres llaves que giran en diferentes sentidos y que solo tres monjas saben. En un principio se guardaba en secreto la apertura de dicho sepulcro pues las llaves estaban ocultas en diferentes establecimientos religiosos y una tercera la custodiaba Amaro Pargo, como devoción para las ocasiones que se ofreciera abrir dicha urna.

Legado en Tenerife

Se sabe del constante saqueo de su casa, tras su muerte, una gran hacienda en Machado, en el municipio de El Rosario, Tenerife, una de las más de sesenta casas de las que era propietario, junto a un gran número de terrenos agrícolas, lugar estratégico que le servía de vigía hacia el horizonte atlántico, desde el que divisaba, posibles navíos, que pudieran ser presa del corsario.

Cuentan las leyendas que un gran tesoro existió en esta hacienda, según esto, había un cofre en el que guardaba documentos, objetos preciosos y dinero. Pues señala en su testamento dicho ajuar, el cual estaba formado por plata labrada, joyas de oro, perlas y piedras de valor, porcelana china, ricas telas y cuadros, añadiendo que lo tenía catalogado en un libro forrado en pergamino y marcado con la letra D del que se desconoce su paradero.

Murió el 14 de octubre de 1747, en La Laguna, Tenerife. El capitán Amaro Rodríguez Felipe fue enterrado en el sepulcro de sus padres, justo a la derecha de la entrada al templo de Santo Domingo, en La Laguna, bajo el coro.

La losa de mármol que cubre su tumba tiene grabado el escudo de armas de la familia Rodríguez Felipe, en el que no faltan símbolos de fuerza como el guerrero saliente con armadura, los puñales y los cañones. Y para reforzar el espíritu corsario, al pie del sepulcro aparece una calavera guiñando el ojo derecho y el izquierdo abierto, con las típicas tibias cruzadas.

Amaro Pargo murió soltero, se le conoce un hijo que tuvo con la cubana Mª Josefa del Valdespino, llamado Manuel de la Trinidad Amaro, el corsario vivía con ella cuando se quedaba en La Habana, Sin embargo, cabe destacar que nunca prometió unirse con doña Josefa, y cuando los vecinos de su localidad describían su relación, la clasificaban como “ilícita”.

Con el tiempo, el capitán Amaro Rodríguez Pargo se embarcó de regreso hacia Tenerife. A pesar de que ocasionalmente enviaba a doña Josefa algunas prendas de lana y y otros artículos para vender y mantener a Manuel, nunca volvió a Cuba. Sus relaciones se terminaron cuando escribió a Doña Josefa para pedirle que enviara a Manuel a vivir con él. Al negarse, el capitán interrumpió todo contacto, y, cuando murió, se negó a reconocer a su hijo.

Manuel de la Trinidad Amaro, presentó por medio de su abogado un recurso de apelación el 28 de febrero de 1714 sobre una parte de la herencia, a lo que se opusieron los herederos.

Uno de los herederos conocidos del corsario fue su sobrino, Amaro González de Mesa. Sus herederos estaban obligados por testamento, a hacer una vez al año antes del 10 de noviembre una ofrenda en el sepulcro del corsario, una fanega de trigo y un barril de vino, debiendo cantar los religiosos el oficio de vigía, misa y responso que se acostumbraba. Durante la función deberían estar encendidas cuatro hachas en un hachero sobre su sepulcro. Hoy en día no se sabe si se sigue esta tradición, ni se sabe si quedan herederos directos del Capitán Amaro. Actualmente se puede visitar la tumba.