"Protagonistas y espectadores", un retrato de la juventud

Los jóvenes de 15 a 29 años son la primera generación que cree que sus hijos vivirán peor

Persiste la discriminación entre hombres y mujeres respecto a sus capacidades "que están en la base de las desigualdades".

España - 10/29/2019 EFE
Desafección, precariedad, hiperconexión, solidaridad y tolerancia son algunas de las características que definen a los jóvenes españoles de hoy, rasgos que son el resultado de cómo han ido respondiendo a los hitos históricos de los últimos cuarenta años.

Así lo refleja el estudio "Protagonistas y espectadores", un retrato de la juventud elaborado por la Fundación SM y la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción (FAD), a través del Centro Reina Sofía sobre adolescencia y juventud.

El informe, presentado, analiza los cinco hitos de los últimos cuarenta años a los que se atribuye un impacto transformador en la juventud: la Transición, la desregulación laboral, los cambios en el modelo de ocio, la crisis y el impacto de las nuevas tecnologías.

Una de las conclusiones es que los jóvenes de 15 a 29 años son la primera generación que cree que sus hijos vivirán peor. El elemento más influyente ha sido el problema del empleo, que "ensombrece" sus perspectivas, explica el psiquiatra y director técnico de la FAD, Eusebio Megías.

El problema de la precariedad ha generado que asuman la inseguridad, desconfíen del futuro y admitan la quiebra del estado de bienestar.

Esto los ha llevado a emigrar, refugiarse en la familia y renunciar a tener hijos, entre otras muchas decisiones.

Además, frente a etapas anteriores basadas en el hedonismo, ahora reivindican valores como el esfuerzo, la prudencia o la religiosidad.

La gestión de la incertidumbre, la aprobación de causas como el feminismo, el ecologismo y la diversidad, la aparición de nuevas necesidades educativas o la modulación de nuevas formas de ocio son características reconocidas en la actual generación de jóvenes.

40 AÑOS DE JUVENTUD EN ESPAÑA (1979-2019)

Asevera el estudio que el presente de los jóvenes "no es en absoluto fácil" y que los indicadores revelan una tasa de pobreza y exclusión social del 35 %.

Además, desde hace décadas, la proporción de jóvenes ha descendido de manera notable debido a la bajada de la natalidad.

Como contrapartida, ahora las tasas de mortalidad son muy bajas y la esperanza de vida muy alta tras superar, en los 80 y 90, los efectos del sida, los accidentes o los consumos abusivos de sustancias.

En cuanto a la educación y el empleo, fundamentales para la inserción de los jóvenes, pese a las mejoras de las cualificaciones académicas, los datos muestran una situación no excesivamente satisfactoria.

Cuatro de cada diez jóvenes de entre 15 y 29 años solo tienen estudios básicos, y el índice de abandono escolar es del 18 %, lo que hace que soporten una elevada tasa de paro y de precariedad.

Las desigualdades han crecido como efecto de la crisis que comenzó en 2008, y el 35 % de los jóvenes se encuentra en riesgo de pobreza o exclusión.

OCIO Y VALORES: DEL HEDONISMO A LA TRADICIÓN

La presencia, sobre todo en los 80, de cambios en los referentes sociales y en el contexto político, junto con el acceso a una mayor libertad y la desregulación laboral, dio lugar a nuevos modelos de ocio.

Y también a la estigmatización de este modelo, por sus elementos de confrontación, exceso y consumo abusivo de alcohol y drogas, como la movida o la ruta del bacalao.

Años después, en pleno apogeo económico, se institucionalizó la idea de una juventud hedonista, ajena a las responsabilidades, precisa Megías. Situación a la que puso fin la crisis de 2008.

Sus graves secuelas rompieron el estado de bienestar y dieron lugar a la precariedad, la inseguridad y la desafección política. "No nos representan" es la frase que lo resume.

Surgieron opciones como recuperar los procesos formativos, emigrar, refugiarse en la familia, buscar fórmulas de convivencia o renunciar a tener hijos.

Se produjo un cambio en los valores y se recuperaron los tradicionales como el esfuerzo, la prudencia o la religiosidad.

El estudio analiza la incidencia de las tecnologías, con aspectos negativos como la invasión de la privacidad, el acoso o las dependencias, que han cambiado el concepto de ocio: "Probablemente más importante que el disfrute de lo que se hace es contarlo", indica Megías.

Pero ha aportado beneficios como el acceso a la información o nuevas formas de actuación como el activismo social y político.

PERSPECTIVA DE GÉNERO

Desde los modelos patriarcales anclados en las fórmulas sociales más tradicionalistas muchas cosas han cambiado.

Ahora defienden un acceso libre a la sexualidad y fórmulas más equitativas de distribución de responsabilidades entre géneros, así como mas aceptación frente a las identidades de género.

Los movimientos de reivindicación feminista y de protesta frente a la violencia de género han propiciado claros avances.

No obstante, advierte el estudio, persiste la discriminación entre hombres y mujeres respecto a sus capacidades "que están en la base de las desigualdades".