ANÁLISIS

Las viejas rutas que han disparado la migración marítima en Canarias

El Gobierno del Estado trata de alcanzar acuerdos con Mauritania, de donde proceden gran parte de los migrantes que llegan a las Islas.

Canarias - 9/20/2020 Saúl Garcia Crespo
Muelle de ArguinegÜin (Gran Canaria). EFE/Ángel Medina G.
Muelle de ArguinegÜin (Gran Canaria). EFE/Ángel Medina G.
Canarias ha recibido en la primera quincena de septiembre el flujo más intenso de llegadas y rescates de pateras desde que terminó la crisis de los cayucos de hace una década, con 1277 inmigrantes atendidos en sus costas desde el 1 de septiembre, una cifra sin precedentes desde 2008.

En una reciente comparecencia ante la comisión de Justicia e Interior del Parlamento Europeo, la comisaria de interior, Ylva Johansson, calificó el incremento en la llegada de migrantes a las costas canarias como “vertiginoso”. Los datos confirman el adjetivo. Entre el 1 de enero y el 31 de agosto, según los datos del Ministerio del Interior, llegaron en patera a Canarias 3.933 personas frente a a las 584 que habían llegado en ese mismo periodo el año anterior y las 418 que llegaron durante todo el año 2017. Esas casi 4.000 personas suponen una tercera parte del total que han llegado por esa vía a España. El sur de la Península recibió 8.435 personas frente a las 14.184 de 2019. La inmigración no para pero las rutas cambian.

De nuevo Canarias aparece como una de las primeras opciones en la ruta migratoria hacia Europa. Aunque septiembre ya ha aumentado la cifra y las personas llegadas en patera ya se acercan más a las 5.000, el número está muy lejos de la crisis de los cayucos de 2006, cuando llegaron a Canarias unas 32.000 personas.

Las embarcaciones no han vuelto a ser tan grandes como entonces pero sí se repite la falta de previsión, sumada ahora a la situación económica y sanitaria, que han vuelto a hacer aparecer brotes de intolerancia.

¿Cuáles son los motivos del cambio de ruta? Uno es el aumento de la presión policial en el norte de Marruecos, donde sí funcionan las patrullas mixtas entre la policía marroquí y la Guardia Civil. Las fronteras de Ceuta y Melilla se han blindado, Alhucemas, Nador y Tánger están sometidas a un control mucho mayor y se han desmantelado los campamentos en esa zona del país.

Desde el año pasado, Marruecos traslada a inmigrantes subsaharianos en guagua del norte al sur y al Sáhara occidental. Allí, muchos de ellos se convierten en “boys”, como les llaman: trabajan como “chicos para todo” o logran trabajo en el puerto y en las factorías de pescado mientras ahorran para dar el salto a Europa.

La novedad, este año, es que también llegan hasta las costas del Sáhara inmigrantes desde Mauritania por vía marítima, no por tierra. Las mafias los embarcan para rodear la frontera de Guerguerat, llegar a Cabo Bojador y embarcar rumbo a Canarias.

Esa es la ruta sur, que suele tener como destino las islas de Gran Canaria o Tenerife, mientras que en la ruta norte hay más probabilidad de que lleguen a Lanzarote. Si de la zona sur salen subsaharianos, desde esa zona, al norte de Tarfaya, desde Tan Tan o la región de Guelmin, suelen salir jóvenes marroquíes o saharauis que huyen de la falta de expectativas de futuro o del servicio militar obligatorio.

Todas estas razones son las mismas que había ya a finales de 2018 y que se mantuvieron durante el año pasado, así que la imprevisión y la pandemia han acabado enfocando la imagen de más de 300 inmigrantes durmiendo al raso durante varios días en el muelle de Arguineguín.

Y hay circunstancias nuevas: la suspensión temporal de las derivaciones a otros lugares de España y Europa y de las repatriaciones. Al principio del confinamiento se cerraron los CIE de Barranco Seco y Hoya Fría, los dos únicos centros que permanecían abiertos en las islas, cumpliendo así una de las reivindicaciones, la principal, de la Plataforma Canarias Libre de CIE, pero no otras, como la de “favorecer la construcción de alternativas al modelo migratorio de criminalización” o la de “construir propuestas y líneas de acción y coordinación entre los distintos territorios”.

El Gobierno central no reaccionó a tiempo y cuando lo hizo tuvo que acudir al apoyo de las instituciones locales, que han cedido pabellones deportivos o estancias de recursos educativos para alojar a inmigrantes, después alquiló naves industriales, y ha acabado usando complejos de apartamentos, con las consiguientes críticas del propio sector turístico.

También hay otros motivos en el ámbito internacional para el desvío hacia la ruta canaria: los acuerdos entre la Unión Europea y Turquía, por un lado, y entre Italia y Libia, por otro, que han aminorado esas dos rutas

Mauritania

La solución a la que parece que el Gobierno le va a dar prioridad no está en territorio español. El ministro de Interior, Fernando Grande-Marlaska, viajó esta semana a Mauritania, precisamente junto a la comisaria Johansson con el objetivo de abordar esta ruta migratoria y, especialmente, los vuelos de expulsión que se contemplan dentro del acuerdo entre la UE y el país africano, y que incluirán también a personas que no sean de esa nacionalidad. En su última visita a Rabat y tras una reunión con el ministro de interior marroquí, Abdelouafi Laftit, Marlaska defendió las devoluciones de migrantes en avión desde Canarias hacia Mauritania de personas con distinta nacionalidad a la mauritana.

Recientemente, la Organización Internacional para las Migraciones ha reconocido “los esfuerzos” de Mauritania, al aprobar una nueva ley contra la trata de personas y respaldar la reforma de la Ley contra el tráfico de migrantes. “Mauritania ha mostrado un gran compromiso con la prevención, la lucha y la erradicación de la trata de personas y el tráfico de migrantes”, señalaba Laura Lungarotti, Jefa de Misión de la OIM en Mauritania.