ARQUEOLOGÍA

Las nuevas tecnologías desvelan los secretos de la Cueva Pintada de Gáldar

La reproducción digital en tres dimensiones que se ha hecho de sus friso más conocido ha permitido descubrir detalles inapreciables.

Cultura - 7/16/2020 EFE
Reproducción digital del friso de la Cueva Pintada de Gáldar. Fotograma RTVC. Reproducción digital del friso de la Cueva Pintada de Gáldar. Fotograma RTVC.
¿Pueden unas pinturas rupestres relevar nuevos secretos siglo y medio después de su descubrimiento? La Cueva Pintada de Gáldar, el testimonio artístico más importante de los pueblos que habitaron Canarias antes de la Conquista acaba de demostrar que con "lupa adecuada" se pueden ver cosas que han pasado desapercibidas durante décadas de estudio.

El Cabildo de Gran Canaria y el Museo que conserva este yacimiento prehispánico y sus pinturas han presentado este jueves la reproducción digital en tres dimensiones que se ha hecho de sus friso más conocido, utilizando técnicas de fotografía gigapixel con una resolución que desciende hasta detalles de 0,2 milímetros.

El resultado es una foto gigantesca, construida a partir de miles de tomas hechas de forma sistemática con las cámaras de mayor resolución disponibles en el mercado; o explicado de otra manera, un retrato de esas pinturas polícromas que permiten aplicar una lupa digital capaz de mostrar hasta la fisonomía de los granos de mineral que componen la pared de toba volcánica sobre la que está el friso.

Descubierta en 1873 en Galdár, la capital de Gran Canaria en tiempos prehispánicos (Agáldar), esta cavidad está considerada como la obra artística culmen de las sociedades amazigh (de raíz bereber) que colonizaron Canarias a principios de la era actual y fueron desarrollando culturas diferentes en cada una de las islas.

A día de hoy, se ignora cuál fue su función, aunque se le han atribuido varias: hay quien plantea que fue la cámara para recepciones del Guanarteme de Gáldar (el rey aborigen del norte de Gran Canaria), quien sostiene que sirvió como santuario y quien ve en sus formas geométricas una representación del calendario.

La consejera del Cultura del Cabildo de Gran Canaria, Guacimara Medina; la directora de Patrimonio Cultural del la comunidad autónoma, María Antonio Perera; y la directora del Museo de la Cueva Pintada, Carmen Gloria Rodríguez, han dado a conocer ahora el resultado que un trabajo comenzó hace dos años, para obtener una imagen continua de más de 25 metros de anchura, compuesta por 300.000 píxeles y que ocupa alrededor de 50 gigabytes.

Como resultado, se ha obtenido un "calco" de las pinturas, como los muchos que se han hecho ellas desde su descubrimiento en el siglo XIX, pero realizado con la tecnología más avanzada disponible al servicio del estudio del arte prehistórico.

Los responsables de este proyecto, Jorge Onrubia y Juan Francisco Ruiz, profesores de la Universidad de Castilla-La Mancha, han resaltado que en los últimas décadas el Museo de la Cueva Pintada se ha convertido en un referente en la conservación del patrimonio y en cómo acercarlo al público para que conozca su pasado.

Pero paradójicamente, han añadido, existe muy poca información arqueológica sobre las pinturas que dan nombre al yacimiento, porque esa cueva fue "vaciada" hace siglo y medio con las técnicas y procedimientos que tenía entonces la arqueología. La consecuencia de ello fue la pérdida de todo tipo de restos que podrían haber revelado muchas claves sobre esa cámara y su uso.

Onrubia ha señalado, al respecto, que si esa pinturas polícromas han llegado hasta la actualidad y se conservan, se debe, en buena medida, a que los habitantes de Gran Canaria hasta el siglo XV reconocían su importancia y a que el respeto por ese lugar continuó vivo siglos después en sus descendientes tras la Conquista.

La "gigafoto" que este equipo de la UCLM ha tomado del friso llena una parte del vacío que dejó la excavación de la cueva en el siglo XIX: ha revelado figuras y grabados que habían pasado desapercibidos, proporciona más información sobre los pigmentos utilizados, aflora detalles del trabajo de preparación de la pared y hasta da pistas sobre cómo fue su proceso de creación artística.

A juicio de Onrubia y Ruiz, la superlupa digital que han aplicado a las pinturas abre una puerta para empezar a comprender algo hasta ahora difícil de abordar: la forma con la que aquella sociedad que prosperó con tecnologías sencillas (los aborígenes canarios no conocían el hierro) creaba complejos mundos simbólicos.