CONTRA LA REFORMA DE LA LEY DE EXTRADICIÓN

La Policía carga contra los manifestantes acampados en Hong Kong

Los agentes han usado gases lacrimógenos, cañones de agua y hasta balas de goma para desalojar a los manifestantes.

Mundo - 6/12/2019 EUROPA PRESS
Cargas policiales contra los manifestantes (imagen Europa Press). Cargas policiales contra los manifestantes (imagen Europa Press).
La Policía de Hong Kong ha cargado este miércoles contra los miles de manifestantes acampados en el distrito financiero en el marco de las protestas contra la reforma de la ley de extradición, que permitiría enviar a los condenados en la ex colonia británica a la China continental.

Miles de personas comenzaron a concentrarse el martes por la noche (hora local) en el distrito financiero de Hong Kong, ocupando Harcourt Road, una importante carretera cerca de las oficinas del Gobierno, en medio de un fuerte despliegue de seguridad.

Los manifestantes acamparon, emulando la Revolución de los Paraguas de 2014, abasteciéndose de agua, comida y otros suministros, incluso médicos, amenazando con permanecer allí hasta conseguir que el Gobierno de Carrie Lam renuncie a la llamada Ley para Delincuentes Fugitivos.

El ex diputado Leung Kwok Hung, uno de los promotores de las protestas, instó también a los hongkoneses a ir a una huelga general hasta conseguir su objetivo. "Tenemos traidores que quieren vender Hong Kong, pero también tenemos a los hongkoneses", arengó.

En este sentido, el diputado Ip Kin Yuen contó que el Sindicado de Profesionales de la Educación estaba considerando llamar a un boicot total suspendiendo de forma indefinida las clases. La decisión, indicó, se anunciará pronto, según informa el 'South China Morning Post'.

"Es normal que haya diferencias, pero debemos confiar en nuestros compañeros", dijo Nathan Law Kwun Chung, uno de los líderes de la Revolución de los Paraguas. "Nadie sabe cuál es la fórmula perfecta para ganar esta batalla, pero solo estando unidos podremos triunfar", subrayó.

Las autoridades hongkonesas ya habían anticipado una protesta masiva, por lo que ordenaron un despliegue de 30.000 efectivos, un operativo de seguridad similar al que se prepara para la visita de altos cargos chinos. En un primer momento, la Policía se ha mantenido vigilante, pero finalmente ha intervenido.

Los agentes han usado gases lacrimógenos, cañones de agua y hasta balas de goma para desalojar a los manifestantes de los alrededores del edificio que alberga el Consejo Legislativo. "¡Echad gasolina, hongkoneses!", han gritado ellos, pertrechados con paraguas y gafas de buceo, animando a resistir.

De acuerdo con el 'South China Morning Post', los choques han alcanzado la sede legislativa. Un grupo de manifestantes se ha refugiado allí y los agentes les han seguido. Algunos diputados han asistido a los manifestantes con pañuelos y agua.

Los agentes han conseguido acabar con el cerco a la Asamblea Legislativa y la toma de Harcourt Road, pero los manifestantes se han desviado hacia otras zonas. Se han atrincherado en el interior del edificio Far East Financial Centre y han ocupado un puente cercano.

Algunos conductores han ayudado a los manifestantes en su huida de la Policía bloqueando los principales accesos al distrito financiero con sus propios coches. Además, el Metro de Hong Kong ha permitido la entrada libre para facilitar la vuelta a casa.

De momento, los fuertes enfrentamientos entre Policía y manifestantes han dejado 22 heridos, entre ellos el conductor de un coche que con una herida en la cabeza que ha sido trasladado inconsciente al Hospital Queen Mary. "No hemos tenido más opción que usar las armas para cesar estas protestas ", ha dicho el comisario, Stephen Lo Wai.

El jefe de la Policía ha declarado que "esto es ahora una revuelta", una calificación no se usó ni siquiera en las protestas de Occupy de hace cinco años y que puede conllevar condenas de hasta diez años de cárcel. "Urgimos a la gente a no hacer nada que puedan lamentar el resto de sus vidas", ha aconsejado.

El único precedente de una carga policial así fue en 2014, cuando las fuerzas de seguridad se emplearon a fondo para poner fin a la Revolución de los Paraguas, una violenta intervención que las autoridades justificaron por la necesidad de acabar con el caos. Este es el mayor desafío al Gobierno hongkonés desde entonces.