LA RESACA DE LA SENTENCIA DEL PROCÉS

El Prat, dormitorio de centenares de viajeros que no quieren perder su vuelo

El cansancio es el denominador común de sus rostros: a algunos se les suman los nervios, a otros el enfado y a la mayoría la resignación.

España - 10/15/2019 Martí Puig i Leonardi / EFE
El frío suelo como colchón y una maleta como cojín, un cartón sacado de la nada, una silla de restaurante y una mesa para reposar la cabeza o, en el mejor de los casos, un sofá de una sala familiar tomada por todo tipo de personas, han sido esta noche la "cama" de centenares de viajeros en el aeropuerto de El Prat.

La sentencia condenatoria contra los líderes independentistas llevó ayer a miles de personas a movilizarse en la calle y el renombrado Aeropuerto Josep Tarradellas -que todo el mundo conoce aún como El Prat- fue el principal foco de las protestas, que obligaron a cancelar 110 vuelos.

Lo saben bien quienes deambulan esta mañana por las salidas de la Terminal 1 de El Prat, muchos de los cuales han pasado aquí la noche. El cansancio es el denominador común de sus rostros: a algunos se les suman los nervios, a otros el enfado y a la mayoría la resignación.

Muchos, centenares, aún no habían abierto los ojos antes de las siete de la mañana, acomodados en uno u otro rincón de la terminal buscando desesperadamente caer en las garras de Morfeo.

María, una ecuatoriana de mediana edad, es quizás de las más previsoras: su vuelo sale mañana miércoles poco después de las 16.00 horas pero ella ha decidido plantarse ya aquí hoy a primera hora con dos tápers y una buena dosis de paciencia.

Mientras "rechaza" las condenas impuestas por el Tribunal Supremo y, a pesar de las molestias vividas en carne propia, dice a Efe que bueno, que "tampoco hay para tanto", que su país hace pocas horas se encontraba en estado de excepción y ahí "las cosas sí que están feas".

Pascal, un francés con camisa ahora inevitablemente arrugada, look de ejecutivo cansado, no opina lo mismo. Está "hasta los huevos", asegura en un inesperado buen castellano. Y es que ayer perdió su vuelo y, de rebote, hoy ha perdido un día de trabajo.

Las movilizaciones de ayer le recuerdan a las de los llamados chalecos amarillos, con quienes no simpatiza. Tampoco le agradan "los nacionalismos", palabra que pronuncia con una mueca de disgusto, así que se va de Cataluña con la mosca detrás de la oreja.

Mientras el periodista escribe su crónica en la sala destinada a familias con niños, una pareja libanesa aparece en ella, agarra una mampara, la estira en el suelo y se tumba sobre ella.

De lejos los observaba estupefacta una trabajadora del aeropuerto que, tras advertir de que la citada mampara no puede usarse como colchón, al final desiste en su intento: "En realidad no se puede. Pero bueno, qué os voy a decir yo, hoy haced lo que queráis", ha concluido con amable sonrisa, que ha reconfortado a unos enamorados que no entienden ni papa de castellano.

Ellos son Kevin e Ida, cercanos a la treintena. Llevan en el aeropuerto desde las doce de la noche aunque su vuelo no sale hasta las 20.00 horas de este martes. Han querido curarse en salud y han preferido abandonar el hotel una noche antes con tal de asegurarse no perder el vuelo llegar a casa cuando lo tenían previsto.

Reconocen que ayer se asustaron. Usan Twitter y han visto numerosos vídeos de lo ocurrido anoche, incluido, explican, el de un agente de policía que con la porra golpea por detrás en la cabeza de un manifestante.

Quien está que trina es Carmen, sevillana y madre de Rubén, de solo cinco años. Ayer perdió el vuelo y la compañía con la que viaja se desentiende de su caso. Le ofrecían otro vuelo para dentro de tres días y Carmen ha decidido, explica, mandarles "a la mierda".

Volará con otra aerolínea y espera poder estirarse en el sofá esta tarde, cocinar luego pollo rebozado para Rubén -"mi angelito"- y dormir en condiciones tras una agotadora noche de insomnio.

A punto de enviar la crónica, un turista inglés se acerca y pregunta: "¿Do you know if there is a hotel here, in the airport?". Pues no lo hay, míster. Lo mejor será que se apropie de una mampara o que busque fuera de la terminal.